Introducción
El
artículo analiza el comportamiento de una fracción de
agricultores familiares capitalizados frente a los
cambios acaecidos en los últimos tres lustros en la
agricultura mundial y local. Se presentan para este
análisis, los resultados obtenidos en un área agrícola
de la región pampeana, referido a la tenencia de la
tierra y su distribución según estratos, el uso del
suelo y el modelo tecnológico dominante, que en su
conjunto dan sustento a las estrategias principales de
los productores en la región.
La característica de los cambios
en el ámbito macroeconómico y político define una parte
importante de la agencia social de los productores a
partir de los 90. Las estrategias sociales que con
anterioridad permitían la reproducción de la mayor parte
de las explotaciones pampeanas, incluyendo a las de
menor tamaño, se quiebran. La pérdida del papel de
regulación social del Estado Nación se puede observar en
la derogación de políticas de sostén para la pequeña y
mediana producción, defendidas por las organizaciones
representativas de los productores, que en su momento
fueron interlocutores válidos ante el Estado y grupos de
presión importantes en las políticas que se formulaban.
Los cambios en la estructura
institucional del sector, se manifiestan en acciones
tales como la desregulación de los mercados de leche y
productos lácteos, desaparición de la Junta Nacional de
Carnes y Junta Nacional de Granos, privatización de
diversas áreas de servicios vinculados directamente con
el sector: elevadores de granos, ferrocarriles, puertos,
telefonía rural, entre otros (Martínez Nogueira, 1998).
Los agentes sociales de menor capacidad económica para
responder a los cambios, se enfrentan a la construcción
de estrategias con relación al mercado.
La organización de las cadenas
agroalimentarias dominadas por las grandes empresas, que
manejan la mayor parte de las condiciones del mercado (Teubal,
2002) restringe la emergencia de actividades
alternativas de las explotaciones familiares más chicas,
colocándolas frente a la adopción de tecnologías de
ultima generación, con alto requerimiento de capital,
limitando al mismo tiempo la elección de estrategias
diversificadas, basadas en la flexibilidad que
tradicionalmente proveía el trabajo familiar,
permitiendo actividades que aportaban financiación para
la realización de otras. Históricamente se recurría a la
ganadería en pequeña escala para financiar la
agricultura y a la implantación de cultivos alternativos
para la disminución de riesgos de producción y de
mercado.
La fracción de pequeños
productores familiares cuya explotación responde a un
promedio de 100 ha, absorbió las consecuencias sociales
del modelo, por su casi nula capacidad de negociación
frente a los propietarios que ceden tierra a terceros,
comerciantes de insumos, acopiadores y exportadores.
La respuesta de los afectados en
algunos casos fue vender o arrendar, total o
parcialmente sus tierras, como estrategia para enfrentar
las dificultades financieras o compensar la ausencia de
capital.
Aún así un número importante de
productores familiares capitalizados, acompañados de un
número menor de empresas capitalistas, quebraron y
debieron abandonar sus actividades agrarias, sin que
dicho fenómeno alcance la magnitud que se registró a
nivel de los más pequeños (Azcuy Ameghino, 2004).
Se incrementó el peso de diversas
formas de pluriactividad o trabajo fuera de la
explotación y se agudizó la dependencia al capital
financiero, situación que derivó en el alto
endeudamiento agrario en la época (Sarachu, 1996)
Los
cambios en el contexto local e internacional
incrementaron los riesgos de las explotaciones
familiares para articularse al mercado1.
1En
Argentina para la fracción de productores agropecuarios
articulados al mercado internacional los cambios en la
convertibilidad cambiaria en la década del 90 que
establecía un peso igual a un dólar, y posteriormente lo
que se denominó el fin de la convertibilidad, 2001/02,
con la devaluación del peso con respecto al dólar con
una paridad cambiaria que en su evolución alcanzó 1dolar
igual a 3 pesos promedio, plantea en el término de 10
años cambios locales en el escenario que tiene enorme
repercusión en la producción familiar. El impacto de
las transformaciones bajo estas condiciones, adopta una
modalidad diferente. Sin embargo sigue la tendencia de
las transformaciones que se dieran a nivel mundial.
Se hace necesario para la
comprensión de los cambios, describir las continuidades
y las diferencias impuestas en la convertibilidad y
post- convertibilidad cambiaria y su importancia en los
cambios en la estructura social.
El dominio del capital sobre el
territorio obstaculiza la inserción en la producción
para aquellos que no tienen capacidad para producir en
una economía de escala. En la década del '90 se
establecen aumentos en los intereses pagados por capital
de préstamo y en la tasa de renta por el alquiler de
tierras, a la par que se acentúa la tendencia en el
descenso de los precios de las materias primas
agropecuarias en el mercado internacional. Este último
se revierte en el último lustro considerado, en la post
convertibilidad cambiaria. La nueva estructura de
precios relativos establecidos se redefinió a diferencia
de la década anterior, a favor de los bienes
comercializables internacionalmente, los procesos
intensivos en trabajo y las ventajas naturales (Kosakoff,
et al 2003).
El sector agropecuario pampeano
inicia un período económico diferente. Las cuestiones
más relevantes son el incremento en los ingresos en los
principales cultivos, producto del aumento de los
precios internacionales y de la devaluación; y la
implementación del Derecho de Exportación que en las
commoditties agrícolas se fijaron en alícuotas del 20%
en cereales y el 23,5% para oleaginosas (Preda, 2004).
Metodología
La metodología estadística
empleada para el relevamiento de información, está
basada en la técnica de encuesta semi- estructurada,
asignada a productores agropecuarios a cargo de los
procesos productivos, seleccionados a través de una
muestra probabilística estratificada con asignación
proporcional al tamaño de estrato, de explotaciones
agropecuarias del sur de la Provincia de Santa Fe,
correspondiente a la región pampeana argentina, en la
denominada área de producción de cereales y oleaginosas.
Se seleccionaron al azar 8
distritos en el área bajo estudio, éstos son por
Departamento:
Departamento Belgrano
Distritos: Armstrong - Las Parejas
Departamento Caseros
Distrito: Chabás
Departamento Constitución
Distrito: Santa Teresa
Departamento General López
Distrito: Wheelwright
Departamento San Jerónimo
Distritos: Diaz - Maciel- San Genaro Norte
De acuerdo a los datos
estadísticos de población censal, la similitud que
presentan por departamento con respecto a la
distribución de la población por estrato, el promedio
por número de explotaciones y superficie, y el
desarrollo de una actividad predominantemente agrícola,
se determinan cortes por superficie operada total que
responde a la información modal. distribuyéndose la
población en 4 estratos; <= 50ha. ; 51-200 ha. ; 201-500
ha. y más de 500 ha.
La muestra comprende 131
explotaciones. Sobre ese total se realizó una sub.-
muestra con la cual se trabajó con entrevistas en
profundidad. La distribución de los agentes sociales por
estrato en la muestra es la siguiente (Tabla 1a)
Tabla 1a:
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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
La
dinámica de la tierra en el período
Sobre el total de la población relevada en el
estudio, se construyen dos categoría según la superficie
total operada. Esta decisión metodológica se realiza en
base a la caracterización de los cambios en la
estructura social agraria, realizada sobre la
información elaborada a partir de los dos últimos
censos, tomando como referencia comparativa el CNA 1960
(Cloquell y González, 1992) El fenómeno más importante
es la persistencia en la disminución del número de
explotaciones chicas de 0 a 200 hectáreas en la región
sur de Santa Fe.
Estudios realizados en el área a
través de entrevistas a productores agropecuarios
coinciden en esta evaluación y permiten fundamentar las
dificultades de los productores pertenecientes a los
estratos de menor superficie, para articularse al nuevo
modelo establecido en la región. De esta forma quedan
conformadas dos categorías, de 0 a 200 y de más de 200
hectáreas. En la tabla 1b se especifica la distribución
de explotaciones y superficie por categoría.
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Tabla 1b: Número y porcentaje de productores
por superficie total operada por categoría.
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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
Más de la mitad de las
explotaciones se ubican en el estrato de menos de 200
has, ocupando la menor superficie del área. El
análisis histórico de la evolución de las
explotaciones correspondientes a este estrato,
permite observar que a pesar de su persistencia, se
enfrentan a serias dificultades de crecimiento en el
marco de los modelos de producción impuestos en la
región. Los productores pertenecientes a la categoría
de más de 200 hectáreas en contraste con la primera,
centralizan un alto porcentaje de la tierra por
superficie total operada.
La dinámica de las explotaciones
familiares por estrato puede analizarse comparativamente
en dos estudios que toman a la misma población (Cloquell
et al, 2003)2.
En el año 2001 la categoría de menos de 200 ha operaba
el 35 % de la superficie cuando en el 2003 se reduce al
13 %, evidenciando la pérdida de poder relativo de las
unidades más pequeñas con relación al manejo de la
tierra de la región.
2En la
campaña 2000/01 se realizó en la misma área
comprendiendo a los mismos distritos, un relevamiento de
información sobre una muestra de 141 productores (GER
-GEA) con la que se realiza la comparación
El proceso de concentración,
vigente desde los inicios de la modernización,
principalmente desde 1960 y con la introducción de la
soja a mediados de 1970 en el área, se profundiza en el
último quinquenio y puede constatarse en los valores que
se dan en el intervalo entre ambas investigaciones: las
unidades de más de 200 ha pasan de manejar el 65 % de la
superficie total operada en la campaña 2000/01 a
operar el 87 % en la campaña 2003/04.
La concentración está relacionada
a la capacidad de innovación tecnológica y capacidad
financiera de las explotaciones, que influyen en la
transformación de la estructura social agraria regional.
Un componente central en la
estrategia de escala es la tierra en alquiler, dado que
el 56 % de la tierra total operada es en tenencia
precaria (Tabla 2).
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Tabla 2: Tenencia de la tierra
por categoría. En números absolutos
y porcentaje |

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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
Las explotaciones más pequeñas,
que trabajan la menor superficie de la muestra, manejan
en términos relativos a la superficie total operada por
ellas, en su mayor parte tierra en propiedad,
expresando sus límites en cuanto a la participación en
la producción regional y llevando a cabo estrategias no
basadas en la escala o en la búsqueda de escala.
Por el contrario, en la categoría
de 201 ha y más la tierra en alquiler compone la mayor
parte de la superficie total operada. Son productores
buscadores de escala, trabajan la mayor superficie del
área y detentan el 79% de la tierra en propiedad y el
94% de la tierra en alquiler de la muestra (Tabla 3).
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Tabla 3: Número y porcentaje
de productores que tomaron tierra por categoría.
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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
La casi totalidad de los
integrantes de la categoría 201 ha y más son tomadores
de tierras. Esta diferenciación con respecto a la
categoría de menos de 200 ha constituye la base para la
consolidación de una nueva estructura social, cuyo
soporte es el aumento de la escala con un componente muy
importante, el alquiler de tierras como estrategia
dominante. Estos procesos conforman las tendencias
vigentes desde décadas atrás, que maduran y se aceleran
en el contexto económico y político de los últimos años.
En la campaña 2000/01 (Cloquell et al, 2003) el
porcentaje de tomadores en esta categoría alcanzaba el
82 % llegando al 96 % en la campaña 2003/04.
Otro elemento para comprender el
proceso de diferenciación social, es el tamaño de
parcelas y hectáreas promedio de la tierra que se
incorpora (Tabla 4).
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Tabla 4: Superficie arrendada,
número de parcelas, promedio de ha por
parcela y por explotación según
categoría |

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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
En la información que se
proporciona se observa la gran diferencia establecida
por categoría, por lo que puede argumentarse un proceso
de crecimiento que favorece decididamente a aquellas
explotaciones que han tenido capacidad para construir
escala, pagar interés por el capital y renta por el
uso del suelo. La categoría de menos de 200 ha toma en
el mercado el 6 % de la tierra disponible en alquiler,
aún cuando el 40 % de los productores son tomadores de
tierras.
Complementando la argumentación
puede observarse claramente que la categoría que
significativamente incrementó la escala en el último
quinquenio es la de más de 200 ha (Figura 1). Estos
datos constatan la hipótesis de diferenciación social
en la región de producción familiar.
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Figura 1: Comportamiento de
los productores con respecto al alquiler de
tierras en los últimos 5 años.
En porcentaje |

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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
El proceso está relacionada
también a la modalidad de los contratos y a la forma de
pago de renta. En el siguiente cuadro pueden observarse
las características de los mismos.
En el análisis de las formas
contractuales (Tabla 5) en las que se establece el
alquiler de tierras, hay también diferencias por
categoría. La gran demanda a partir de la post
convertibilidad y los altos precios de la soja,
elevaron los cánones de renta por uso del suelo y
convocaron a contratistas de otras localidades,
aumentando la demanda por tierras. Los grandes
perdedores en esta competencia fueron una vez más los
pequeños productores quienes tienen que aceptar
condiciones en la forma de contratos y pago de renta, de
alto riesgo para su persistencia. La mayor parte
realiza "contrato accidental" por un año o dos cosechas,
con elección de cultivo de soja.
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Tabla 5: Superficie arrendada
según el tipo de contrato por categoría
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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
Tradicionalmente el contrato
accidental en la región fue "contrato de palabra". Con
el crecimiento de los llamados agro negocios y los
cambios en la canasta de tierras en alquiler regional,
las formas de contrato establecidas en el conocimiento
cara a cara y la cercanía vecinal, como tradicionalmente
eran "los de palabra" fueron cambiando. Según datos de
la campaña 2003/04 la tierra arrendada por contratistas,
está compuesta por tierra puesta en disponibilidad para
alquiler, por propietarios que residen en el mismo
distrito en que habita el contratista que toma la
tierra. Un 53% de las parcelas cedidas corresponden a
esta modalidad. La tierra cedida por inversores
residentes en otros lugares, asciende a un 42% de las
parcelas. La información en la campaña da cuenta de una
proporción importante en los contratos accidentales
escritos en ambas categorías, 43% para los de menos de
200 ha y 55% para los de más de 200 hectáreas. Los
cambios en la modalidad de los contratos están también
relacionados a las actividades realizadas por los
arrendadores, el 49% de los mismos es "ex productor" en
tanto el 45% tiene una profesión extra agraria.
La modalidad de pago por el uso
del suelo es mayoritariamente a quintal fijo en soja,
46% (Tabla 6). Le sigue en importancia el pago a quintal
fijo y aparcería, 27%, y en tercer lugar aparcería con
el 16%. El pago a quintal fijo incrementa los riesgos
inherentes a la producción agropecuaria, más aún en una
zona que hace 30 años dejó de combinar riesgos de
mercado y producción. La condición de pago mayoritaria a
quintal fijo tiene incidencia no solo en la viabilidad
de los pequeños productores en el alquiler de tierras,
sino que condiciona el uso del suelo al cultivo de
soja.
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Tabla 6: Número de productores
clasificados según la forma de pago de
la tierra arrendada. Por categoría en
números absolutos. |

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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
Los productores de ambas
categorías han tenido comportamientos diferentes con
respecto a la compra de tierra según sus posibilidades
económica en distintos momentos históricos (Tabla 7).
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Tabla 7: Superficie total comprada
clasificada según año de compra
por categoría. En número y porcentaje
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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
En el período que comienza en 1950
se puede ver que los productores que integran la
categoría hasta 200 has participan de la compra, dada la
existencia de políticas que actuaron en tal sentido: los
créditos a tasas reducidas y largo plazo del Banco
Nación que permitieron el acceso a la propiedad de la
tierra por parte de los arrendatarios, la ley 17.253
promulgada en 1967 permitió también una opción para
aquellos arrendatarios que pudieran comprar la tierra
que anteriormente arrendaban.
La
compra de tierras es tradicional en todos los estratos
de productores y un componente importante en el grupo
que incrementa la escala. A partir de la modernización
se privilegia la estrategia de la ampliación de la
superficie total operada por alquiler y por compra.
Desde el año 2000 el 95% de la tierra es adquirida por
los productores correspondientes a la categoría de los
grandes productores.
Las variables descriptas con
respecto al componente comportamiento de la tierra
en la estrategia de escala en los últimos tres
lustros permiten constatar la hipótesis
de la incidencia del modelo económico implementado
sobre el proceso de diferenciación social que redundó
en cambios significativos en la estructura social
agraria.
Uso del suelo y prácticas de
labranzas.
La estrategia de las unidades de la región se
basa en la producción de granos exportables. En los
últimos 10 años, con la incorporación del modelo
tecnológico de última generación, se incrementa la
producción de soja, cultivo de alta demanda en el
mercado internacional, lo que constituye un punto de
ruptura con la tradición productiva de la región ya que
es la primera vez que el uso del suelo apto para
agricultura está destinado en un 90% a un producto de
escaso consumo en el mercado interno.
Independientemente de la categoría
de pertenencia hay un factor común a todas las unidades
productivas, es la modalidad del uso del suelo con la
agricultura como especialidad (Tabla 8).
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Tabla 8: Uso del suelo por
categoría. En hectáreas y porcentaje.
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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
La ganadería como alternativa para
la diversificación de actividades queda reducida a un
espacio mínimo, muchas veces justificado por la aptitud
edáfica.
Esta modalidad de selección
ecosistémica reduce la flexibilidad que otorga la
diversificación de actividades al compensar riesgos
climáticos y de mercado. En este sentido hay una mayor
dependencia con respecto al mercado de productos y al
mercado financiero.
La región realiza agricultura
continua desde hace más de treinta años. Los efectos de
esta modalidad se expresan en el deterioro de los
recursos naturales y en las condiciones de fertilidad de
los suelos, generando una mayor dependencia de insumos
industriales (Cloquell y Propersi; 2003)
Las explotaciones menores a 200 ha
persisten con dificultad para construir estrategias
alternativas a la producción de soja, ocupando el 94% de
la superficie agrícola con ese cultivo (Tabla 9).
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Tabla 9: Cultivos por categoría.
En hectáreas y porcentaje. |

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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
En la categoría de 200 ha y más en
superficie propia, se combinan de manera diferente los
cultivos agrícolas incorporando el maíz en la secuencia
de cultivos, como opción para atenuar los efectos
adversos del escaso aporte de materia orgánica del
cultivo predominante.
Una de las consecuencias del
modelo de escala es una fuerte diferenciación en la
capitalización entre los productores menores y mayores
de 200 has. No obstante, dadas las características del
trabajo familiar en la región, aquellos productores que
se capitalizaron, fundamentalmente los arrendatarios,
conformaron un mercado de alquiler de maquinarias por
labor que posibilita una opción para aquellos que no han
podido hacerlo (Tabla 10).
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Tabla 10: Sistemas de labranza
en los cultivos predominantes de la región.
En hectáreas y porcentaje por categoría,
según tenencia de la tierra. |

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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
Las explotaciones menores a 200 ha
utilizan en su mayor parte aquellos implementos que
tienen en su dotación, que aún cuando resulten obsoletos
para el modelo de última generación, son funcionales
para la producción, trabajando alrededor del 60 % de la
superficie operada por ellos bajo la modalidad de
labranza mínima. En la superficie arrendada (6% sobre la
superficie total operada de la muestra) trabajan
preponderantemente con siembra directa. El 62 % de estos
productores no cuenta con sembradoras para el sistema de
labranzas en siembra directa, esto redunda en que casi
el 84 % contrata labores en esta campaña.
Los productores de más de 200 has
son arrendatarios en el 96% de los casos y arriendan
60 % de la superficie total operada de esta categoría,
sus prácticas de labranzas son fundamentalmente con
siembra directa en todos los cultivos. El 92 % cuenta
con la sembradora adecuada a este tipo de labranzas y el
60 % de este grupo dispone de la tecnología necesaria
para la producción a escala. Se contratan
mayoritariamente labores de pulverización y cosecha en
función a las restricciones que puede imponer las
necesidades del proceso productivo en superficies
extensas.
Si bien el grado de capitalización
es mayor en la categoría de más de 200 ha no todos los
productores de la misma cuenta con todo el equipo en
maquinarias necesario para llevar adelante el proceso
productivo en la superficie operada por ellos (Tabla
11). Esta ausencia es suplida por la contratación de
labores. Entre las labores contratadas más mencionadas
se encuentra la sembradora de siembra directa de grano
fino, la pulverización y la cosecha. Estas últimas
responden al patrón de contratación tradicional de la
región.
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Tabla 11: Características
de la capitalización por componentes
tecnológicos. Según número
total de productores distribuidos por estrato.
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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
En la evaluación de una incorporación
futura de maquinarias los productores más chicos expresan
mayoritariamente no tener expectativas de compra debido
al alto precio de las mismas. En cambio, los productores
más grandes expresan sus perspectivas de compra en
maquinarias tales como sembradoras, pulverizadoras
y cosechadoras (Tabla 12).
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Tabla 12: Número y porcentaje
de productores que contratan labores. |

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Fuente: Relevamiento GEA 2003/04. |
Conclusiones
El fortalecimiento del mercado en
la globalización como regulador espacial de las formas
de inclusión de las diferentes regiones proveedoras de
materias primas a la economía mundial, determina un
escenario que favorece localmente la concentración
económica, dando pie a la conformación de una estructura
social diferenciada.
El proceso de descomposición de la
producción familiar tiene como consecuencia la
eliminación de un número importante de explotaciones, en
su mayor parte las pequeñas y medianas que corresponden
a la categoría de menos de 200 ha.
La centralización de la tierra que
se produce en el término de 15 años es altamente
significativa. Contextualmente, la política monetaria de
la post convertibilidad y el alto precio de la soja en
el mercado, permiten la expansión de la superficie total
operada y un crecimiento de la capitalización por
explotación en la categoría de 201 ha y más.
El dominio del territorio por el
capital excluye a aquellos que no pueden producir por
las condiciones que impone. Esta exclusión, sin embargo,
tiene como correlato la puesta en disponibilidad de
tierras por parte de pequeños propietarios. En el
trabajo se demuestra que prácticamente el 50% de la
tierra que se incorpora en arrendamiento es puesta en el
mercado de alquiler de tierras por ex productores, en
tanto el porcentaje restante por propietarios cuya
actividad no esta relacionada al sector.
Es importante destacar que en la
fracción de explotaciones menores a 200 ha, el 62% de
las productores, no tiene en su dotación ninguno de los
componentes tecnológicos de última generación, no se
plantean actualmente expectativas de incorporación de
nuevas maquinarias, fundamentando su opinión en que las
mismas tienen un precio en el mercado que torna
inaccesible su incorporación bajo las actuales
condiciones económicas y financieras.
La centralización de la tierra
adquiere tanta importancia como la incorporación de
capital bajo un modelo tecnológico productivo no
centrado en el aumento de la productividad por ha.
El
incremento de la escala significa un uso diferencial de
los recursos productivos, una mayor incidencia del
capital en la estrategia de la mayoría de las
explotaciones y una menor necesidad de trabajo
permanente. La concentración de la tierra, la reducción
de las labores necesarias y del tiempo de trabajo en
relación al tiempo de producción son parte del proceso
de dominio del capital sobre el territorio agrario.
El modelo de escala es
incompatible con la persistencia de las pequeñas
explotaciones con recursos escasos en el mismo
territorio, dada la valorización de la tierra y el
precio de la renta.
En este escenario se da lugar al
proceso de diferenciación social más importante de los
últimos 50 años.
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