Introducción
Según
la teoría económica tradicional (Samuelson y Nordhaus,
1996), una de las condiciones para que un mercado
sea competitivo y en consecuencia ninguno de los participantes
tenga beneficios extraordinarios, es que tanto oferentes
como demandantes se encuentren atomizados, es decir,
que sean muchos y se repartan en forma más o menos
igualitaria el monto de las operaciones realizadas
por el conjunto de las firmas.
Así,
el comportamiento de una empresa no afectaría a las
demás y cada una de ellas actuaría independientemente
de la otra sin acuerdos que podrían tender a beneficiarlas
en detrimento de la contraparte.
Surge
entonces la necesidad de medir el grado de concentración
del conjunto de empresas que operan como demandantes
u oferentes en un mercado, a fin de conocer si tales
empresas se encuentran o no atomizadas y, por lo tanto,
si se presenta o no el riesgo de un comportamiento
no competitivo.
Para
ello se han elaborado distintos índices. El objetivo
de este trabajo es describir tales índices y, a la
luz de la teoría existente, evaluarlos con el fin
de concluir cuál de ellos es
el que cumple mejor con su función de posibilitar
la inferencia acerca del probable comportamiento de
tales empresas: en forma independiente o con algún
tipo de acuerdo o colusión.
Materiales
y Métodos
Marco
teórico
Es
cierto que, desde el punto de vista teórico, no puede
afirmarse la existencia de una relación directa entre
beneficios extraordinarios y grado de concentración
de las empresas en un mercado. Por ejemplo, en el
oligopolio de Bertrand dicha relación es inexistente
ya que la capacidad de ejercer poder de mercado no
depende de la existencia de más o menos competidores
sino del nivel y de la forma de las funciones de costos
de las empresas involucradas.
Por
lo tanto, que haya o no relación entre tasas de beneficio
y niveles de concentración es "un tema empírico
que durante muchos años alimentó el debate entre las
distintas escuelas de organización industrial y generó,
al decir de Demsetz (1974, citado por Coloma, 2002),
dos sistemas de creencias acerca del monopolio. Por
un lado, se alinearon los proponentes de la llamada
doctrina de la concentración del mercado (originada
en la visión de Bain y de sus seguidores de la escuela
de Harvard) y, por otro, los que sustentaban la hipótesis
de la eficiencia relativa (entre los que sobresalieron
Stigler, el propio Demsetz y, en general, la escuela
de Chicago). Los primeros sostenían la existencia
de una relación positiva entre beneficios y concentración
y la atribuían al mayor ejercicio de poder de mercado
que prevalecía en los mercados concentrados (sea porque
en ellos la competencia tendía a plantearse a través
de variables distintas del precio o porque una mayor
concentración facilitaba la aparición de conductas
colusivas). Los segundos sostenían que, si existía,
dicha relación positiva entre beneficios y concentración
era en general producto de factores competitivos,
que hacían que las empresas relativamente más eficientes
obtuvieran mayores beneficios y crecieran más que
las empresas relativamente menos eficientes"
(Coloma, 2002, págs. 38 y 39).
La
posición de Bain (1963) y sus seguidores se sustenta
en dos reglas basadas en sendos aspectos específicos
del grado de concentración. Uno de dichos aspectos
es el número de empresas y la proporción sobre el
total de operaciones controlado por cada una de ellas,
siendo posible afirmar que cuanto mayor es el grado
de concentración de las firmas, mayor será la tendencia
hacia el comportamiento colusivo y menor el estímulo
a la actuación independiente.
El
origen de esta afirmación es que a medida que disminuye
el número de operadores se facilita la realización
de acuerdos, expresos o tácitos, de maximización conjunta
de beneficios y disminuye la probabilidad de violación
de los mismos. Cuando las empresas son pocas y se
distribuyen partes importantes de las operaciones
del mercado, la acción independiente de cualquiera
de ellas afecta a las demás, las que reaccionarán
en consecuencia anulando así el objetivo
buscado
de mejorar su posición relativa. De manera que el
incentivo para actuar en forma independiente es mínimo.
Entonces, una alta concentración de empresas favorece
la actuación conjunta porque es más fácil llegar a
un acuerdo y porque resulta más difícil obtener ventajas
de una acción independiente.
El
segundo de los aspectos citados es la presencia (e
importancia cuantitativa) o ausencia de un grupo de
empresas pequeñas en un conjunto de empresas oligopólico.
En muchos oligopolios existe, además de un grupo reducido
de firmas que individualmente ofrecen proporciones
significativas del total operado reconociendo su mutua
interdependencia, un conjunto de pequeños oferentes,
en número variable, cada uno de los cuales provee
una fracción tan reducida del mercado que sus ajustes
de precio o cantidad no influyen sobre el resto de
las empresas rivales, aunque el comportamiento de
las firmas grandes afecte sin duda su situación. Estas
empresas pequeñas actúan en forma independiente tratando
de maximizar su beneficio en función de las condiciones
impuestas por las empresas oligopólicas.
Según
la opinión de Bain (1963), algunas (o todas) pueden
seguir un comportamiento que les permita ampliar su
participación en el mercado reduciendo, por ejemplo,
el precio establecido por las empresas grandes. Ello
obliga a éstas a mantener un nivel de precio que limite
el crecimiento de las empresas más chicas, como mecanismo
de defensa de su
participación
en el mercado. En cambio, Beierlein y Woolverton (1991)
desarrollan el modelo que denominan "corazón
dominante -franja competitiva" indicando que,
en realidad, las empresas chicas deben seguir el comportamiento
de las grandes, es decir, si son vendedoras y compiten
entre sí bajando los precios, deberán también bajarlos
mientras que, si las firmas grandes se ponen de acuerdo
y cobran precios altos, las empresas pequeñas también
quedan habilitadas para hacerlo.
Por
lo tanto, es muy probable que la existencia de un
grupo de firmas pequeñas junto a empresas grandes
conduzca a un comportamiento diferente del conjunto
de firmas al que tendría lugar si ese grupo no existiese,
de lo cual se desprende que la apreciación de este
fenómeno resulta de sumo interés.
Índices
alternativos
Para
medir el grado de concentración se pueden utilizar
distintos índices. Uno de ellos, que suele denominarse
Índice Estándar (Casanova, 2002), considera el porcentaje
de operaciones del mercado que controla un número
reducido de las empresas más grandes (tan reducido
como para que pueda ser estimulante el comportamiento
colusivo).
Así
se tienen los siguientes:
C4
(Coeficiente de concentración de las cuatro empresas
más grandes)
Si
este índice supera el 60% del total de operaciones
del mercado, se considera que el conjunto de empresas
se encuentra altamente concentrado (Pereyra y Triunfo,
1999).
C8
(Coeficiente de concentración de las ocho empresas
más grandes)
Si
C8 < 25% del total de operaciones, el conjunto
de empresas no está concentrado; mientras que si 25%
≤ C8 ≤ 50%, se encuentra
moderadamente concentrado y si C8 >50% el conjunto
de empresas está altamente
concentrado (Khavisse y Azpiazu, citado por CEPA,
1985).
Bain
también utiliza un índice similar variando los porcentajes
a los efectos de captar distintas formas de grupos
de empresas como monopolios u oligopolios parciales.
Otra
forma de medir el grado de concentración es el Índice
Herfindahl-Hirschman (IHH). Este índice es la suma
de la participación porcentual al cuadrado de cada
una de las 50 empresas más grandes que operan en la
oferta o la demanda de un mercado (o de todas si son
menos de 50). Se entiende que un conjunto de empresas
es competitivo si el IHH es inferior a 1.000, moderadamente
competitivo si se encuentra entre 1.000 y 1.800 y
concentrado si está por encima de 1.800 (Pereyra y
Triunfo, 1999). El mayor valor que puede tomar el
índice es 10.000, si existe una sola empresa con el
100% de las operaciones y el menor puede ser inferior
a 100, en el caso en el que existan más de 100 empresas
con menos del 1% de participación cada una (Casanova,
2002).
Información
utilizada
Los
resultados a los cuales se llega aplicando uno u otro
índice para medir el grado de concentración no son
coincidentes. A fin de ponerlo de manifiesto, es necesario
aplicar ambos índices a un mismo conjunto de empresas
para el cual se disponga de la distribución del total
de operaciones entre cada una de ellas.
No
siempre resulta factible conseguir esa información.
Una de las posibilidades es medir el grado de concentración
en las exportaciones de subproductos de soja, pues
la Cámara de la Industria Aceitera de la República
Argentina (CIARA) proporciona datos por firma de las
cantidades de aceite y harina de soja vendidas al
exterior. La información más actualizada que la Cámara
publica en Internet es la referida a la exportación
argentina de tales subproductos durante el año 2002,
por lo cual se usaron esos datos para calcular el
grado de concentración empleando el IE y el IHH.
Asimismo,
se utilizó la información proporcionada por Galetto
(2002) en un trabajo en el cual calcula, usando el
IHH, el grado de concentración de las empresas elaboradoras
de leche basándose en la captación de materia prima
correspondiente al año 2000.
Resultados
y Discusión
| Tabla
1: Harina de soja. Exportaciones argentinas
por empresa y grado de concentración medido
por el Índice Estándar y el Índice
Herfindahl-Hirschman. Año 2002 (toneladas). |
|
*
Individualmente, la participación porcentual
de estas empresas es tan reducida que, al calcularse
el cuadrado de los valores obtenidos, no superan
el 0,0.
Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos
de la Cámara de la Industria Aceitera de
la República Argentina. |
| |
Tabla
2:
Aceite de soja. Exportaciones argentinas por
empresa y grado de concentración medido
por el Índice Estándar y el Índice
Herfindahl-Hirschman. Año 2002 (toneladas). |
|
*
Individualmente, la participación porcentual
de estas empresas es tan reducida que, al calcularse
el cuadrado de los valores obtenidos, no superan
el 0,0.
Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos
de la Cámara de la Industria Aceitera de
la República Argentina. |
Grado
de concentración de firmas exportadoras de subproductos
de la molienda de soja
En
las tablas 1 y 2 pueden verse, para el año 2002, las
cantidades exportadas de harina y de aceite de soja
por empresa, respectivamente, junto con la información
adicional necesaria para determinar el valor del IE
y el IHH.
Según
los valores obtenidos del IE, el conjunto de empresas
exportadoras de harina de soja tendría un alto grado
de concentración, tanto si se toma el porcentaje que
controlan las 8 empresas más grandes (91,9%), como
si sólo se considera la proporción que venden las
4 empresas de mayor envergadura (68,4%). Sin embargo,
el valor del IHH (1.368,0) señala un moderado nivel
de concentración.
De igual
manera, en el caso del aceite de soja, el conjunto
de las empresas exportadoras aparece con un alto nivel
de concentración si se lo mide con el IE (C8 = 91,4%
y C4 = 68,0%), mientras que el IHH, con un valor que
apenas supera 1.400, indica un grado de concentración
moderado.
Es útil
aclarar que escapa al objetivo del presente trabajo
examinar algunos aspectos que deben tenerse en cuenta
cuando se evalúan las consecuencias del grado de concentración
de un conjunto de empresas sobre el comportamiento
de las mismas y, por ende, sobre el proceso de formación
del precio. Por ejemplo, la necesidad de definir adecuadamente
el mercado relevante, es decir, aquel en el cual se
fija el precio que luego se traslada hacia atrás y/o
hacia adelante en el canal de comercialización o también
la importancia de examinar si las firmas que forman
parte del grupo de empresas más grandes siempre son
las mismas o van cambiando con el transcurso de los
años. Lo único que se intenta mostrar es que, en iguales
condiciones el IE da por resultado un nivel de concentración
más alto que el derivado de la aplicación del IHH,
en forma independiente de la representatividad de
la información usada en cuanto a la real confrontación
de oferentes y demandantes para la determinación del
precio.
Grado
de concentración de las empresas procesadoras de leche
Como
se indica anteriormente, a fin de medir el grado de
concentración de las empresas procesadoras de leche
en nuestro país, se utilizan los datos proporcionados
por Galetto (2002). En primer lugar, este autor define
como relevante el mercado nacional y emplea los datos
que aparecen en las dos primeras columnas de la tabla
3 para la obtención del IHH. Las columnas 3 y 4, aunque
son similares, para uniformarlas con las tablas 1
y 2 se presentan de manera diferente a la elegida
por Galetto.
Tabla
3: Argentina. Cantidad de leche procesada
por empresa y grado de concentración
medido por el Índice Estándar
y el Índice Herfindahl-Hirschman. Año
2000* (millones de litros/día). |

|
*El autor aclara que los datos de captación
de materia prima corresponden aproximadamente
a los del año 2000.
**Cuando el resto está constituido
por un número significativo de empresas,
cada una de las cuales controla una proporción
muy reducida de las operaciones, el cuadrado
de dicha proporción es insignificante
por lo que no se tiene en cuenta para el cálculo
del valor del IHH.
Fuente: Elaboración propia con información
obtenida de Galetto (2002).
|
Las
cifras exhibidas en la tabla 3 muestran que, según
el IE, si se toman las 8 empresas más grandes, las
usinas demandantes de leche a los tamberos estarían
altamente concentradas mientras que, según el IHH
ni siquiera llegan al límite mínimo que debe sobrepasarse
para señalar un nivel moderado de concentración, lo
cual lleva a Galetto a concluir que "no cabría
pensar en que la industria ejerce o abusa de una posición
dominante" en el mercado (Galetto, 2002, pág.
11). En realidad, independientemente del comportamiento
efectivo de las firmas, si 8 empresas concentran el
57,6% de las compras de leche o 4 casi el 44% de las
mismas, habría posibilidad de colusión entre ellas
y, en consecuencia, el IE es más eficiente para medir
el grado de concentración, de acuerdo al objetivo
buscado, es decir, el riesgo de una conducta colusiva.
Tabla
4: Argentina. Cantidad de leche producida,
según origen geográfico (porcentaje). |

|
Fuente: Galetto (2002). |
| |
Tabla
5: Argentina. Cuenca Lechera Central. Cantidad
de leche recibida por empresa y grado de concentración
medido por el Índice Estándar
y el Índice Herfindahl-Hirschman. Año
2000* (millones de litros/día). |
|
* El autor aclara que los datos de captación
de materia prima corresponden aproximadamente
a los del año 2000.
**Cuando el resto está constituido por
un número significativo de empresas,
cada una de las cuales controla una proporción
muy reducida de las operaciones, el cuadrado
de dicha proporción es insignificante
por lo que no se tiene en cuenta para el cálculo
del valor del IHH.
Fuente: Elaboración propia con información
obtenida de Galetto (2002). |
En
segundo lugar, Galetto argumenta que el mercado de
captación de leche es, desde el punto de vista geográfico,
más acotado que el nacional y presenta como alternativa
la información que aparece en la tabla 4, que distingue
entre la Cuenca Lechera Central (CLC) y el resto del
país. De manera que, a partir de una producción total
estimada de 9.600 millones de litros por año, ello
implica que la producción de la Cuenca Lechera Central
es de 13,94 millones de litros diarios, lo que permite
estimar la participación de las principales firmas
de la región y los nuevos índices estándar y Herfindahl-Hirschman.
Los resultados obtenidos aparecen en la tabla 5. De
nuevo, con este resultado, según Galetto es evidente
que aún en el caso de adoptar una definición restringida
del ámbito geográfico del mercado de captación
de materia prima, todavía se mantiene dentro de los
niveles de mercados que podrían llamarse "poco
concentrados" donde no sería previsible la aparición
de conductas no competitivas. Sin embargo, las 4 empresas
más grandes concentran más del 50% del total de leche
recibida en la CLC y las 8 más grandes el 70%, por
lo que no parece que de tal indicador
pueda
surgir que no es previsible la aparición de conductas
no competitivas como lo sostiene Galetto.
Otras
observaciones
Cabe señalar
que el IHH es sensible al tamaño de las empresas que
componen la oferta o la demanda, puesto que adquiere
menor valor cuando la distribución de la magnitud
de las operaciones entre las firmas es más igualitaria
respecto a cuando no lo es. Por ejemplo, si en un
conjunto de empresas las 4 más grandes controlan el
60% de las operaciones participando cada una de ellas
con el 15%, el aporte de estas 4 empresas al valor
del IHH sería 900, mientras que si la empresa más
grande participa con el 40% y las restantes con el
10, 5 y 5%, respectivamente, el aporte al valor del
IHH es 1.750. Para el IE no habría diferencias entre
ambas situaciones y desde el punto de vista teórico,
en función de los postulados de Bain, puesto que 4
empresas concentran el 60% de las operaciones, en
los
dos casos
se mantiene vigente la posibilidad de acuerdos de
precios que pueden perjudicar a la contraparte, más
aún cuando la distribución es igualitaria, pues un
comportamiento competitivo podría tener menos éxito
que si una de las firmas es dominante.
Por último,
podría señalarse que si el valor del IE no fluctúa
entre poco más de 0 y 10.000 como el IHH, la comparación
entre ambos índices se dificulta, es decir, no puede
ser objetiva. Sin embargo, la capacidad de cada índice
para medir el grado de concentración debe evaluarse,
de acuerdo a lo visto, analizando si la distribución
de las operaciones entre las firmas que actúan en
un mercado favorece o no la realización de acuerdos
respecto a los precios o las cantidades a comercializar,
lo cual está lejos de ser objetivo. Justamente una
de las mayores críticas que se formularon a la teoría
de la Organización Industrial, de la cual Bain es
uno de los principales exponentes, es que no existe
una relación biunívoca entre estructura y conducta
de un mercado, ya que una misma estructura puede dar
lugar a un comportamiento colusivo o competitivo.
Conclusiones
De acuerdo
a lo visto, el IHH indica como no concentrados o moderadamente
concentrados a grupos de empresas que, según el índice
estándar, se encuentran altamente concentrados. La
cuestión entonces a dilucidar es cuál de los dos es
mejor.
Si,
de acuerdo a la teoría, interesa medir el grado de
concentración con el objeto de establecer la posibilidad
de un comportamiento colusivo, no hay duda respecto
a que es más eficiente el IE pues, por ejemplo, como
se ha visto en el caso de la demanda de leche cruda
en la Cuenca Lechera Central, si las 8 usinas más
grandes adquieren el 70% de la leche cruda, la posibilidad
de un comportamiento no competitivo existe, aunque
ello no significa que necesariamente tal comportamiento
tenga lugar.
De
igual manera, si las 4 empresas de mayor envergadura
exportadoras de subproductos de la molienda de soja
controlan casi el 70% de la oferta, la posibilidad
de la realización de acuerdos está presente, más allá
de que dichos acuerdos efectivamente se realicen.
En consecuencia, el IE capta mejor esa posibilidad
que el IHH.
No
obstante, diferentes comisiones de defensa de la competencia
entre las que pueden citarse la Comisión Federal de
Comercio de Estados Unidos y la Comisión Federal de
Competencia de Méjico, suelen usar el IHH como indicador
de concentración de los mercados al analizar fusiones
(Pereyra y Triunfo, 1999).
También
en nuestro país, la Resolución 164/2001 de Defensa
de la Competencia, establece en el punto II.4 del
Anexo I referido a los lineamientos para el control
de las concentraciones económicas, que como "herramienta
para la medición de la concentración del mercado se
utilizará principalmente el Índice de Herfindahl-Hirschman"
(Secretaría de la Competencia, la Desregulación y
la Defensa del Consumidor, 2001).
De esta
forma, las normas que eligen el Índice de Herfindahl-Hirschman
en lugar del Índice Estándar para medir el grado de
concentración de las empresas que operan en un mercado
con el objeto de defender la competencia, en realidad
disminuyen el grado de protección que brindan al consumidor,
puesto que la capacidad de poner en evidencia el riesgo
de un comportamiento colusivo es mucho mayor en el
IE que en el IHH.
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SECRETARÍA
DE
LA COMPETENCIA,
LA DESREGULACIÓN Y LA DEFENSA DEL CONSUMIDOR
2001, Defensa de la Competencia.
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