Artículo original Año 2001 Número I  

LA ADOPCIÓN DE NUEVAS TECNOLOGÍAS PARA SOJA EN PEQUEÑOS Y MEDIANOS PRODUCTORES DEL CENTRO-SUR DE LA PROVINCIA DE SANTA FE

 

ALBANESI, Roxana; PREDA, Graciela; PRIMOLINI, Carlos; ROSENSTEIN, Susana
 

Facultad de Ciencias Agrarias. UNR.

CC 14 Zavalla (S 2125 ZAA) - Zavalla - Santa Fe - Argentina
E-mail: srosens@ciudad.com.ar

Resumen

El objetivo de este trabajo es evaluar el grado de adopción del nuevo paquete tecnológico disponible para el cultivo de soja (siembra directa, soja transgénica y riego) entre productores familiares capitalizados pequeños y medianos de la localidad de Zavalla.
Se parte del supuesto que el conocimiento o los principios para la acción se construyen en la interacción cotidiana, a partir de los flujos de diálogo. El sistema de normas vigente en relación a la adopción de siembra directa indica que “ no conviene limitarse a una sola técnica” . Si bien hay un discurso proclive a la misma, en la práctica, no todos la realizan y en la mayoría de los casos de adopción, no se aplica a la totalidad de la superficie trabajada. Por el contrario, «la soja RR constituye una alternativa tecnológica altamente conveniente», dado el menor costo en herbicidas y la simplificación del manejo. En cuanto al riego, la norma consensuada en la localidad indica que no es conveniente debido a que la alta inversión inicial no justificaría la diferencia de rendimientos.
En la localidad, las redes de diálogo densas (entre productores vecinos, familiares vinculados a la actividad, productores de otras zonas y técnicos) garantiza la existencia de un sistema de conocimientos en permanente transformación.

Palabras Clave:
sistema de normas, flujo de dialogo, adopción tecnológica

 

Summary

The aim of this paper is to evaluate the adoption degree for the soybean new set of technologies (direct sowing, transgenic seed and irrigation) among domestic capitalized producers operating small and medium surfaces of land in the area of Zavalla. The assumption is that the knowledge or action principles are built by the dialogue flows taking place in the everyday interaction.
For the direct sowing adoption, the standing norms system indicates that “is inconvenient the use of the only one practice”. In spite of a discourse being inclined to the technique, in practice, not every actor carries it out and for the majority of the adoption cases it does not apply to the total worked land. On the other hand, the transgenic seed constitutes a “highly useful technological alternative”, because of the herbicides reduced costs and the simplicity of the management. In relation to irrigation, the consensual norm in the locality indicates that it “is not useful” because the high initial inversion does not justify the yields difference.
In Zavalla, the density of dialogue nets (among neighbors, relatives entailed with the activity, producers of others regions and technicians) guarantees the existence of a knowledge system in permanent transformation.

Key Word:
norm system, dialogue flux, tecnological adoption

DIFUSIÓN Y ADOPCIÓN DE TECNOLOGÍAS. LA MEDIACIÓN DE LA PRODUCCIÓN LOCAL DE CONOCIMIENTOS

A partir de la década del 70 se verifica en la Región Pampeana argentina un intenso proceso de modernización. La mecanización de la labores agrícolas, el perfeccionamiento de las técnicas de manejo, la incorporación de semillas mejoradas, y el uso de fertilizantes y plaguicidas incidieron en un significativo aumento de la productividad de la tierra, la mano de obra y el capital. (Obschatko, 1988). Esta es la etapa denominada de «agriculturización”, es decir, de supremacía de las actividad agrícola por sobre las ganaderas.

El mejoramiento de los cultivares de trigo, mediante la incorporación del germoplasma mexicano, permitió la realización del doble cultivo trigo-soja en un mismo ciclo agrícola. Este avance tecnológico constituye uno de los hitos más significativos pues alentó la adopción de la soja, dando lugar a las prácticas de agricultura continua y abandono de la ganadería.

Según los datos del Censo Nacional Agropecuario de 1988, en el departamento Rosario hay 1757 empresas agropecuarias, de las cuales el 98% tienen entre 10 y 200 ha, pudiéndose afirmar que en la gran mayoría de ellas se cultiva soja. Pueden incorporar o no otros granos (trigo, maíz, sorgo, cebada cervecera, lenteja o arveja) pero es seguro que incluyen el cultivo de soja, dado que esta oleaginosa constituye el ingreso más importante de la mayoría de las unidades del Departamento Rosario.

En la década del 90 se continúa en la Región con una intensificación agrícola acompañada por un nuevo proceso de modernización que, a diferencia del anterior y ante el retiro del Estado, fue y sigue siendo promovido fundamentalmente por el sector privado.

El nuevo proceso intenta difundir, a nivel regional, un modelo tecnológico para el cultivo de soja, basado en: 1-La aparición de nuevas variedades, que ostentan la característica de ser resistentes al herbicida de acción total (Glifosato) y 2-El reemplazo de las labranzas tradicionales por la siembra directa. Otro elemento a considerar, pero más aleatorio, puesto que depende de la alta inversión inicial y la disponibilidad de agua a nivel del subsuelo, es la incorporación de sistemas de riego.

El objetivo de este trabajo es evaluar el grado de adopción del nuevo paquete tecnológico disponible para el cultivo de soja entre productores familiares capitalizados que operan pequeñas y medianas superficies en la localidad de Zavalla del Departamento Rosario (Sur de la Provincia de Santa Fe). Considerando la importancia que en la adopción tecnológica tiene el sentido que los propios productores dan a sus prácticas, se trata de comprender sus formas de ver y de actuar, a las que se concibe como una construcción social producto de la interacción cotidiana formal e informal. Se cuestiona entonces que el grado de adopción tecnológica pueda explicarse sólo a partir de la mayor o menor dotación de recursos o de información o bajo el supuesto que basta con demostrar la utilidad o mayor rentabilidad de determinadas técnicas para que éstas sean inmediatamente adoptadas.

 

 

LOS CAMINOS PARA CONSTRUIR LAS NORMAS LOCALES DE TRABAJO

Para identificar los criterios técnicos locales dominantes es necesario comprender los mecanismos de producción de conocimiento a nivel de un grupo social local, detectando los canales habituales de difusión y de tratamiento de la información (flujos de diálogo) y la presencia de subgrupos con posibilidades diferenciales de adopción de nuevas técnicas construidas bajo una base conceptual común (normas locales de trabajo).

El conocimiento local se construye a partir de un proceso de interacción cotidiana, de los flujos de diálogo entre los agentes, que determinan la incorporación selectiva de ideas, percepciones y creencias. Estas van generando las normas de trabajo, que son principios de acción en respuesta a una situación, para saber cómo orientarse, cómo comprender la realidad y actuar.

Las normas constituyen un límite y un recurso a la vez para las elecciones individuales, son percepciones dominantes acerca del qué y cómo hacer. En el sector que nos ocupa están implícitas en la organización productiva y laboral (elección de actividades productivas, de tipo de cultivos), en el uso de los recursos, en las posibles inversiones.

El sistema de normas vigente explicita las cosas posibles para un grupo en un determinado momento, pero ello no significa que todos actúen de la misma manera. En realidad, es un sistema de prácticas cambiante y múltiple pero que responde a una base conceptual común. Lo que es percibido como posibilidad por algunos no lo es para otros: es el volumen y la estructura de los “capitales” incorporados en las trayectorias históricas de los agentes, los que determinan que se puedan percibir y evaluar o no como posibles las oportunidades que se les ofrecen a todos. (Bourdieu, 1988)

Ahora bien ¿cómo se introduce una nueva variante?. Poner en práctica o adoptar una nueva técnica, responder ante cambios de situación, implica toda una actividad reflexiva por parte del grupo para volver a construir el sentido. Ningún grupo social se somete a una norma exterior sin evaluarla previamente, transformarla y/o reelaborarla, lo que implica, necesariamente, una actividad de reflexión que puede llevar a la adopción de sólo una técnica en particular dentro del paquete propuesto, de varias o de ninguna.

La capacidad de un grupo para renovar el sistema de normas depende fundamentalmente de la densidad de los vínculos (por vecindad, por actividad similar, por lazos familiares, etc.) que determinan, a su vez, la frecuencia de los intercambios que se establecen entre los miembros del grupo local. (Darré, 1990).

 

 

ASPECTOS METODOLÓGICOS

 

Para evaluar el grado de adopción de las tecnologías señaladas se realizaron entrevistas en profundidad a productores locales que cultivan soja.

La categoría “productor local” fue definida por el espacio donde se desarrolla la actividad social y económica y no por la estricta ubicación geográfica de la unidad de producción dentro del distrito. Los indicadores utilizados para determinarla fueron: la residencia del productor, la localidad dónde desarrolla el grueso de las actividades comerciales, utiliza los servicios (educación, salud), asiste a los oficios religiosos o a actividades recreativas, participa activamente en sus instituciones (municipio, cooperativa, cooperadora escolar, club, etc.) y se asesora técnicamente, entre otras actividades que dan cuenta de la interacción social cotidiana en la comunidad de Zavalla.

Así, fueron identificadas 43 unidades productivas a cargo de productores considerados locales, según la caracterización precedente, de los cuales se entrevistó el 86% (37). Tratándose de unidades familiares, el criterio elegido fue trabajar con al menos uno de los productores al frente de la explotación. En el 14% restante (6 casos), no pudo recabarse la información ante la negativa de los productores a ser entrevistados.

El objetivo central de dichas entrevistas fue conocer los canales a través de los cuales los productores reciben información técnica y los de diálogo cotidiano. Además, se solicitó una minuciosa descripción de las prácticas relativas al cultivo de soja con la finalidad de conocer diferencias entre los criterios de los productores y las razones que esgrimen para realizarlo de una manera u otra.

Se indagó acerca de los diálogos cotidianos entre pares y con otras personas y/o instituciones para caracterizar la producción de conocimiento a nivel local, identificando los diferentes agentes y su incidencia en el proceso, los espacios de interacción cotidiana, la densidad de los flujos de dialogo que inciden en la formación y transformación de los criterios técnicos que orientan las acciones de los productores locales.

 

 

CARACTERIZACIÓN DE LOS PRODUCTORES LOCALES

Los productores analizados pueden ser definidos como productores de organización laboral familiar, poseedores de un grado diferencial de capital (vinculado no sólo a sus posibilidades económicas sino también a sus estrategias globales) que trabajan pequeñas y medianas extensiones de tierra.

 

Algunas variables que permiten caracterizar a estas unidades productivas:

 

Superficie trabajada y tenencia de la tierra:

Salvo dos productores, el resto posee parte o la totalidad de la tierra operada en propiedad. En la localidad estudiada, el promedio de tierra en propiedad es de 116 ha y la amplitud del rango hallado va de 15 a 400 ha. Constituye la excepción un productor que posee 800 ha propias, de las cuales 500 ha se encuentran en otra región. Sobre el total de los productores locales, el 12% posee entre 1 y 25 ha, el 26,5% entre 26 y 50 ha, el 35% entre 51 y 100 ha y el 26,5% más de 100 ha.

 

El 47% combina tierras propias más arrendadas.

 

Mano de obra:

El trabajo es fundamentalmente familiar. En el 48% de los casos, las tareas son realizadas principalmente por un miembro de la familia y en el 52% restante por dos o más. En aquellas unidades donde la residencia continúa siendo rural se verifica una importante presencia de trabajo físico femenino.

 

Sobre el total de productores analizados, el 40% contrata asalariados. Pero, dentro de este subgrupo, más de la mitad (22%) los emplea en forma temporaria para las épocas de mayor trabajo, como la siembra y la cosecha y sólo el 18% de las unidades tiene asalariados permanentes.

 

En el 51% de los casos, algún miembro de la familia desarrolla actividades extraprediales. La más frecuente (38%) es la prestación de servicio de labores de siembra, pulverización y/o cosecha en la localidad y en otras zonas.

Grado de capitalización:

Respecto a la dotación de capital fijo, se verifica que en los casos que prestan servicio como contratistas de labor y/o toman tierra de terceros (63% de la población encuestada) el grado de capitalización es mayor. Cuentan con sembradoras para siembra directa (algunas son adaptadas) y en el 90% de los casos poseen cosechadora, la mayoría de menos de 10 años de antigüedad.

 

Por el contrario, aquellos productores que no han incorporado el contratismo de labor y/o de producción como parte de sus estrategias, poseen un menor grado de capital fijo en maquinarias. Incluso, el 13% contrata todas las labores a terceros (de siembra, culturales y de cosecha).

 

El menor grado de capital fijo queda evidenciado por la menor potencia de los tractores y su mayor antigüedad en relación al grupo que trabaja como contratista.

 

Actividad productiva:

El 24 % de los productores combina agricultura y ganadería bovina (producción de carne) y en menor proporción ganadería porcina (sólo dos productores). El 76% restante realiza sólo agricultura. Dentro de este segmento, el 21% viene cultivando desde hace más de una década sólo soja de primera o el doble cultivo trigo-soja. El resto incluye en sus rotaciones otros cultivos: arveja y lenteja en sustitución del trigo y maíz, sorgo y girasol en proporciones menores a las destinadas a la soja.

 

El 81 % tiene residencia urbana y la minoría que permanece en el campo es, generalmente, la que combina con ganadería.

 

Las características estructurales de este grupo de productores no difieren en gran medida de los rasgos encontrados en la mayoría de las unidades familiares capitalizadas pampeanas, como tampoco son diferentes las dificultades que enfrentan como consecuencia de los cambios ocurridos en el contexto en la última década. Así, se aprecian en la localidad problemas de endeudamiento; de descapitalización; de pérdida de escala productiva por carencia de recursos; dificultades para acceder al sistema financiero y una fuerte incidencia de los compromisos impositivos que presionan con mayor fuerza que en el pasado. (Pizarro, 1998).

 

 

LA OFERTA TECNOLÓGICA EN LA LOCALIDAD. ACTORES INTERVINIENTES

 

En la localidad hay una alta disponibilidad de información acerca de las nuevas tecnologías ofrecidas para el cultivo de soja. En su difusión participan actores estatales y privados.

 

Entre los primeros, el INTA posee una Estación Experimental Agropecuaria ubicada a 50 km. y dos Agencias de Extensión (en un radio de 25 km). En la localidad se encuentra ubicada la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario.

 

Hasta el año 1998 funcionó una cooperativa de acopio de cereales y venta de insumos de gran importancia económica y social, que ofrecía a sus asociados asesoramiento técnico a cargo de un ingeniero agrónomo.

 

En la actualidad, parte de la difusión de tecnologías está en manos de tres empresas privadas minoristas que comercializan insumos; dos de ellas además son acopiadoras de granos.

 

La oferta de asesoramiento técnico profesional está a cargo de tres ingenieros agrónomos, oriundos de la localidad y dos de ellos hijos de productores, quienes además de participar directamente en la actividad productiva de la empresa familiar tuvieron a su cargo la coordinación de grupos de Cambio Rural (Programa Federal de Reconversión Productiva de pequeñas y medianas empresas agropecuarias). Uno de los profesionales está involucrado en la venta de insumos.

 

 

GRADO DE ADOPCIÓN DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS, LAS NORMAS DE TRABAJO OPERANTES

 

Ante una oferta tecnológica homogénea, se verifica una cierta heterogeneidad local en los criterios de adopción. Como es lógico suponer, una posición similar en la estructura socioeconómica y un modelo uniforme de difusión marcan tendencias dentro de un grupo local, pero no lo determinan absolutamente, no impiden que las normas técnicas se trabajen, se asimilen de manera diferente hacia el interior de las unidades.

 

El sistema de normas vigentes en relación a la adopción de la siembra directa (técnica que consiste en no roturar el suelo y sembrar directamente sobre el rastrojo) se encuentra en un momento de constante transformación.

 

La información acerca de esta práctica se halla disponible en la localidad desde hace muchos años. AAPRESID (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa) realiza periódicamente una muestra dinámica en un establecimiento cercano, propiedad de uno de los dirigentes nacionales de dicha entidad. En la misma, se exponen las sembradoras adecuadas, se realizan conferencias relativas a los insumos necesarios y la forma de llevar adelante la práctica, se debate acerca del estado de los suelos, etc. Sin embargo, dicha técnica comienza a ser adoptada a partir de la incorporación de la soja transgénica (tres a cuatro campañas).

 

Puede inferirse que la norma vigente hasta ese momento consideraba a la siembra directa como una práctica inconveniente en términos económicos y por esta razón, no adoptada.

 

Actualmente, hay un discurso y una práctica proclive a la técnica, pero no todos la realizan y en la mayoría de los casos no se incorpora para la totalidad de la superficie.

 

El 13 % de los productores no hace siembra directa, sigue utilizando labranza convencional o reducida. La apuesta es a no correr ningún riesgo por su escasa disponibilidad de recursos económicos o su alto grado de endeudamiento. Además, al no disponer de la sembradora, evalúan que es más importante para ellos el costo que implica la contratación de la labor que las ventajas que obtendrían con la incorporación de la técnica. También puede apreciarse que, en algunos casos, existe un apego a la forma tradicional de labranzas y una ubicación generacional que los posiciona críticamente ya que vinculan la siembra directa a “lo nuevo” a “lo joven”.

 

“......para trabajar tengo un disco doble, rastra de dientes y arado. Porque yo soy del arado, soy del tiempo de los viejos” (Productor propietario, 41 ha)

 

Otro 17% realiza siembra directa en la totalidad de la superficie trabajada, cinco de ellos contratan todas las labores y sólo uno tiene sembradora propia. Argumentan, en primer lugar, que mediante la combinación de soja transgénica y siembra directa se reducen los costos de combustible y mano de obra, el tiempo de trabajo y se simplifican las labores. También enuncian que permite una mayor acumulación de agua en el perfil al momento de la siembra y conserva el recurso suelo.

 

“...Yo veo beneficios, veo costos. Si yo tengo que hacer una labranza convencional ¿cuántos laboreos tengo que hacer? 4 o 5 ¿Cuánto consume un tractor? 10 litros de combustible por caballo de fuerza...y el tiempo y el trabajo... y después la conservación del suelo y la conservación de humedad...vos movés con un palito la tierra y es barro”. (Productor propietario y arrendatario, 125 ha).

 

Dentro de este grupo, la mayoría tienen pequeñas superficies (entre 25 y 100 ha). La excepción continúa siendo el productor de 800 ha, un profesional no agrónomo miembro de AAPRESID que adhiere plenamente al discurso técnico promovido por la asociación.

 

El 70 % restante combina labranza convencional o reducida con siembra directa siguiendo diferentes patrones, según la estrategia global de producción:

 

- realizan siembra directa en superficie arrendada y/o como contratistas de labor, adecuándose así a las demandas del mercado, pero continúan con la labranza convencional o reducida en tierra propia; - la adoptan para el cultivo de segunda pero no para el de primera, tanto en tierra propia como arrendada;

 

-van probando y observando los resultados en pequeños lotes en la tierra en propiedad sin generalizarla o;
- prestan el servicio a terceros pero tampoco la adoptan para tierra arrendada, es decir, cuando corren con el riesgo de la producción.

 

El hecho que no adopten la técnica para toda la superficie trabajada está indicando que hay otras cuestiones que adquieren mayor significación que la siembra directa a la hora de tomar una decisión. En este sentido, le adjudican mayor importancia, en primer lugar, al riesgo económico que implica reemplazar superficie dedicada a soja por maíz o sorgo, cultivos necesariamente asociados a la práctica de la siembra directa desde las recomendaciones técnicas.

 

“No me cabe duda que tengo que empezar con siembra directa pero la situación económica en estos momentos...a lo mejor tenemos que empezar con un maíz, con un sorgo, como es antieconómico no nos largamos, sino no cabe ninguna duda...yo para empezar tendría que hacer 6 o 7 has, no empezaría con todo, salvo que me ganara el Prode...pero lo tengo decidido, voy a empezar..” (Productor propietario y contratista de labor, 50 ha)

 

En segundo lugar, adquiere relevancia el peso de lo tradicional cuando en la negociación con los más viejos, los más jóvenes terminan perdiendo y son enrolados en los puntos de vista de los primeros:

 

“En los campos arrendados hay más de un 60% en directa y en lo nuestro estamos en tira y afloje con mi viejo, esos italianos de antes que les gusta ver tierra negra, limpia...despacio va aflojando.. , para él ver rastrojo en superficie es ver maleza, no es ver cobertura.” (Productor propietario, arrendatario y contratista de labor, 350 ha)

 

En tercer lugar, encontramos que algunos productores están más preocupados por el futuro incierto del precio de la soja RR y los problemas de contaminación de las napas de agua que, según ellos, acarrea el uso excesivo de herbicidas (específicamente del glifosato). Esta preocupación los lleva a no incorporar las nuevas variedades de soja y, en consecuencia, a no adoptar la siembra directa.

 

“...En directa, no siendo transgénica los números no dan...los costos juegan un montón...y a mí las transgénicas no me conforman primero porque daña el campo, nos quedamos sin campo si seguimos con las transgénicas...lo que yo noto es que a la tierra le hace muy mal el agroquímico...” (Productor propietario y contratista de labor, 52,5 ha)

 

Por último, la incorporación parcial de la técnica también es razonable cuando lo más importante es la escasa disponibilidad financiera de los productores a la hora de comprar los herbicidas y pagar la contratación de la aplicación, dado que carecen del equipo de pulverización.

 

“Este año voy a hacer directa sobre trigo pero en soja de primera como hay que aplicar anteriormente herbicidas por ahí es más económico hacer una labranza reducida...Equipo para aplicar herbicidas no tengo y eso ya es un costo y aparte los herbicidas tienen cierto costo y van sumando...en comparación con el costo que uno tiene que es de combustible nada más...En soja de primera hay que hacer 3 aplicaciones...Cuando la situación mejore...a mí me gusta más la siembra directa...” (Productor propietario y contratista de labores, 25 ha)

 

Puede afirmarse que, en general, los productores se muestran proclives a la adopción de la práctica. Incluso, en algunos casos, cuando la limitante es la falta de capital económico para adquirir la sembradora específica, la misma ha sido superada a partir de una dotación diferencial de capital cultural. Así, una estrategia común es adaptar viejas máquinas sembradoras,

 

“...yo la armé, se le van comprando los accesorios y la fui haciendo. Como todo productor chico que tiene que hacer malabares para estar en competencia y no gastar plata. ...se hace con doble intención, primero por lo mío y aparte que con un poco de trabajo afuera se pagaban los accesorios que le iba agregando.”(Productor propietario, 50 ha)

 

Las razones hasta aquí expuestas permiten afirmar que existe una tendencia creciente a la aceptación de la siembra directa. La norma que indicaba la inconveniencia de su adopción se ha ido transformando paulatinamente.

 

Desde el discurso técnico hace muchos años que se enuncian las ventajas de la siembra directa, asociadas fundamentalmente a la conservación del suelo y a la acumulación de agua en el perfil. Pero éstos no constituyeron hasta ahora argumentos suficientemente fuertes para que los productores decidieran plasmarla en la práctica concreta. Cuando la difusión de las variedades de soja RR permiten bajar el costo de aplicación de los herbicidas y simplificar el manejo del cultivo, los productores comienzan a transformar el criterio de trabajo asociado con el cambio de variedades. Empiezan a tener en cuenta la reducción de los costos de combustible y mano de obra, del tiempo de trabajo y la simplificación de las labores de preparación de cama de siembra. Recién entonces, la ventaja asociada a la conservación del recurso suelo adquiere algún sentido.

 

Sin embargo, y tal como muestra el análisis anterior, la gran mayoría toma la decisión de combinar siembra directa con labranza convencional o reducida. La norma local de trabajo estaría indicando que “no conviene jugarse por entero a una sola práctica”, no hay posibilidad de correr riesgos que atenten contra el ingreso de la unidad de producción.
En relación a la incorporación de las nuevas variedades, la norma técnica local no deja lugar a dudas:“la soja transgénica (RR) constituye una alternativa tecnológica altamente conveniente”.

 

La relevancia de esta norma puede apreciarse en que el 87% de los productores encuestados utiliza exclusivamente dichas variedades, el 8% las combina con variedades tradicionales (en menor proporción) y sólo un 5% no las ha incorporado.

 

Las razones argumentadas por los productores que adoptaron plenamente las nuevas semillas fueron: 1-las RR no implican una inversión sustancialmente diferente a la de las variedades no transgénicas; 2-al igual que en estas últimas, es posible su multiplicación; 3-simplifican las labores culturales y 4-reducen el costo de producción debido a la menor incidencia del precio de los herbicidas.

 

Los que combinan las nuevas variedades con las tradicionales comparten las razones expuestas pero temen tener problemas comerciales en el futuro. La excepción la constituye un productor que, a partir de un convenio con una empresa certificadora, realiza cultivo orgánico, sembrando variedades tradicionales sin tratamientos químicos.

 

Sólo dos productores no han incorporado la soja transgénica. En un caso por el apego a la forma tradicional de hacer el cultivo (tampoco realiza siembra directa) y en el otro, por el supuesto riesgo de una posible contaminación de las napas de agua con glifosato.

 

Salvo estas pocas excepciones, la gran mayoría de los productores no expresan ninguna preocupación acerca de futuras limitantes comerciales ni reflexionan sobre los posibles riesgos ambiéntales derivados del uso de las nuevas variedades.
“Está el ligero comentario, me parece que están inventando, dicen que podría tener hasta descuentos en el futuro. Creo que en Estados Unidos hace años que está, así que no creo que haya problemas..” (Productor propietario y arrendatario, 90 ha)

 

El tercer eje de análisis es la adopción de sistemas de riego para cultivos extensivos. Aquí también se comprueba la existencia de una norma mayoritariamente consensuada que indica que “el riego no es conveniente en la zona”. Del conjunto de productores locales, sólo uno lo ha incorporado y su “suerte” es observada por todos.

 

Las empresas vendedoras de los equipos intensifican su presión de venta (charlas, demostraciones, etc...) hace aproximadamente 3 años atrás, en un momento de altos precios de los granos. Sin embargo, sólo logran vender un equipo en la localidad. Entre las razones esgrimidas por los productores para no incorporar el riego en sus unidades aparecen 1- la alta inversión inicial. Aún en el caso de disponer de los recursos necesarios, ésta no se justificaría en una zona con régimen adecuado de precipitaciones. 2- su uso resulta antieconómico en las condiciones actuales de bajos precios de los granos, 3- el desconocimiento acerca de la calidad del agua y de la disponibilidad en el subsuelo en el caso que la práctica se generalice

 

“..Si uno se pone a analizar, en esta zona utilizás el equipo un año y después estás años sin usarlo y el costo no es para nada accesible, el equipo es muy caro y el funcionamiento también es caro. Mientras sen mantengan estos precios de los cereales, creo que no se justifica...” (Productor propietario, 66 ha)
La norma se construye y refuerza también a partir de la observación de lo que ocurre en la única unidad de la zona que dispone de riego.

 

“Yo tengo un vecino que tiene riego (nombra al mismo que en la cita anterior) y paso todos los días por ese camino y no veo muchas diferencias con lo nuestro... no veo muchas diferencias a los ojos de un simple chacarero alambrado de por medio” (Propietario y arrendatario, 350 ha)

 

Incluso, el propietario de la misma acuerda con las razones expuestas por sus pares. En la actualidad, considera que los resultados obtenidos no han sido los esperados y que su uso (en su caso, fundamentalmente para maíz) resulta antieconómico ante el alto precio del combustible y los bajos precios de los granos.

 

“..Se justifica con un gas-oil a 0,25$ y un maíz a 12$ y no a 8 como está ahora, ahora no se puede usar. Por eso este año no hice maíz, por los costos” (Productor propietario, 180 ha).

 

LOS FLUJOS DE DIÁLOGO Y SU INCIDENCIA EN LA FORMACIÓN DE LOS CRITERIOS TÉCNICOS LOCALES

 

La producción de conocimiento local se caracteriza por la presencia de canales de diálogo fluidos y dinámicos que favorecen el intercambio de información y opinión, así como la observación constante de las prácticas de los otros. Ello explica la existencia de un sistema de normas en permanente transformación.

 

¿Quiénes son los actores que se priorizan a la hora de tratar la información? En primer lugar, a los productores vecinos y los familiares vinculados a la actividad agropecuaria. Todos los casos analizados manifestaron compartir sus criterios técnicos y reflexionar acerca de los mismos con sus vecinos. Estos encuentros tienen lugar, en la vida cotidiana, en las “peñas”, dónde los amigos se reúnen a comer, y, en menor proporción, en otras instituciones locales como la iglesia, el club, la escuela, la comuna y el bar. En este sentido, la institución con mayor incidencia en la actividad social de los productores fue la cooperativa de comercialización de granos local, que quebró hace dos años. Aunque más atomizado, este espacio de comunicación e intercambio fue reemplazado por los comercios proveedores de insumos y/o acopiadores.

 

En segundo lugar, los productores que, además, prestan servicios como contratistas de labor señalaron que aprovechan la posibilidad de relacionarse con productores de otras localidades para conversar y observar los resultados de la aplicación de las nuevas técnicas y luego comparar con sus propios resultados.

 

Algunos productores son considerados referentes por sus pares locales. Esta condición de “modelo a observar” parece estar asociada a la capacidad de llevar adelante determinadas estrategias productivas consideradas “exitosas”. No son precisamente los que detentan mayor capital económico ni tampoco son innovadores en el sentido de ajustarse cabalmente al modelo tecnológico difundido.

 

Esta condición de referente está vinculada a que es considerado un par con capacidad de organizar estrategias adecuadas y no a un perfil de productor “moderno”, “de punta”. Para los miembros de la localidad,

 

“aquí todos somos iguales, hacemos más o menos lo mismo” lo que garantiza y explica, en cierto modo, la densidad de las relaciones y, por lo tanto, la transformación permanente del sistema de conocimiento local.

 

Las relaciones entre productores y técnicos también son densas. Aquí vuelve a manifestarse la importancia adjudicada a las relaciones locales, dado que de los tres ingenieros agrónomos considerados como referentes son oriundos de la localidad y dos de ellos hijos de productores con participación activa en el proceso productivo de la unidad familiar.

 

Además, pero con menor frecuencia, son nombrados otros técnicos asesores de empresas comercializadoras de insumos. Mucho más endeble es la influencia de extensionistas o personal técnico perteneciente a instituciones estatales. Sólo el 25% manifestó haber tenido contacto en alguna ocasión con el INTA (asistencia a charlas técnicas, análisis de suelos, etc.). Pocos productores demandan y/o consideran las opciones tecnológicas que podrían ofrecer las Instituciones públicas.-

 

Una mención aparte merece el programa Cambio Rural, que es desconocido por algunos y tomado con indiferencia por otros. Los grupos formados en la localidad no evolucionaron hacia su autogestión y desaparecieron paralelamente a la falta de apoyo económico estatal. A pesar de haber tenido presencia en la localidad, el debate de los grupos de Cambio Rural no incorporó modificaciones sustanciales al manejo del cultivo principal de la localidad.

 

 

CONSIDERACIONES FINALES

 

La producción de conocimiento en la comunidad de Zavalla es dinámica, con presencia de flujos de dialogo intensos que facilitan la evaluación y tratamiento de los cambios productivos y tecnológicos. El cambio experimentado, en los últimos años, por las normas locales de trabajo con relación al manejo del cultivo de soja así lo demuestra.

 

Evaluar el grado de adopción de tecnologías considerando exclusivamente la disponibilidad de información o su impacto en la productividad y/o en la sostenibilidad de los recursos naturales resulta incompleto. La aceptación, rechazo o adaptación de las mismas se vincula también a las condiciones socioeconómicas que brinda el contexto, a la capacidad local para analizar las posibilidades que el cambio trae aparejado y al sentido que las mismas cobran dentro de las estrategias globales de las unidades productivas.

 

En la década del noventa, las políticas neoliberales implementadas implicaron la ausencia de políticas sectoriales específicas para el sector agropecuario (salvo el Programa Federal de reconversión productiva para pequeñas y medianas empresas agropecuarias y el Programa Social Agropecuario). Así, a modo de ejemplo, este trabajo pone de manifiesto que las grandes ausentes en la formación de los criterios técnicos locales son las entidades estatales. Por lo tanto, el debate de la información queda en manos de los actores privados sin un marco orientador externo.

 

En este contexto y ante un modelo tecnológico homogéneo y concentrador, los pequeños y medianos productores se encuentran en una posición desventajosa. Librados a los avatares del mercado, priorizan estrategias productivas y tecnológicas que les permitan en primera instancia, persistir como unidades productivas.

 

En la actualidad, las formas de ver y de actuar de estos productores se encuentran atravesadas plenamente por las posibilidades ciertas de exclusión o de pauperización de sus unidades. Por esta razón, el tratamiento tecnológico local se halla signado principalmente por la necesidad de minimizar sus costos.

 

Así es como la vigencia de la norma local que promueve la incorporación rápida y masiva de soja transgénica se relaciona con la posibilidad de bajar los costos de producción, debido a la menor incidencia del precio de los herbicidas.
Con respecto a la siembra directa, los beneficios enunciados por el discurso técnico (conservación del suelo y mayor acumulación de agua en el perfil) fueron, durante mucho tiempo, evaluados localmente como insuficientes para emprender un cambio que implicaba, a criterio de los productores, un aumento en los costos de producción. Cuando las variedades transgénicas permitieron bajar el costo de aplicación de los herbicidas y simplificar el manejo del cultivo ahorrando combustible y mano de obra, éstos comienzan a transformar el significado atribuido a la siembra directa. Recién entonces, la ventaja asociada a la conservación del recurso suelo comienza a ser considerada.

Sin embargo, la mayoría no la generaliza por la imposibilidad de correr riesgos que atenten contra el ingreso de la unidad. Riesgos tales como tener que reemplazar superficie destinada a soja por maíz o sorgo, la posible disminución de rendimientos que acarrearía la siembra directa en los primeros años de su implementación o la erogación extra que implica la compra de herbicidas y el pago de la labor de pulverización.

 

En relación al riego, éste no es considerado una opción tecnológica apropiada debido a la alta inversión inicial y a la relatividad de su uso en la zona.

 

Es evidente que la soja transgénica más la siembra directa no significa para los productores sólo una práctica más dentro del paquete tecnológico difundido para la agricultura pampeana en los últimos años. Forma parte de toda una estrategia productiva con la que los productores enfrentan el riesgo de pauperización y/o desaparición. En este sentido, la incorporación de nuevas tecnologías parece ser una respuesta estratégica más dentro de las posibles para lograr la persistencia de las unidades.

 

 

Bibliografía

 

BOURDIEU, P. 1988. Cosas dichas. Edit. Gedisa, Buenos Aires, pp. 67-82.

DARRE, J.
1990. Le rol des groupes de voisinage dans l’ elaboration et la reproduction des normes de travail. B.T.I. 442/443, France, pp. 353-358.

OBSCHATKO, E.
1988. Las etapas del cambio tecnológico. En: La agricultura pampeana. Transformaciones productivas y sociales. FCE/IICA/CISEA. Buenos Aires, pp. 117-135.

PIZARRO, J.
1998. Evolución y perspectivas de la actividad agropecuaria pampeana argentina. Cuadernos de P.I.E.A. Buenos Aires, pp. 13-56

 
Secretaría de Investigaciones - Facultad de Ciencias Agrarias - Universidad Nacional de Rosario
Revista de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Agrarias - ISSN Nº 1515-9116