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Siembra Directa en la península española. Un sistema nuevo
para el viejo mundo
Durante mis cinco años de vida profesional, he tenido una
variada actividad laboral y si bien no continué mis estudios
profundizando los conocimientos adquiridos en la Universidad,
siempre estuve relacionado con la agricultura de conservación
(AC).
Fue allá por el año 1991, en alguna charla dada por AAPRESID
en la vieja exposición Rural de Rosario, que aprendí sobre la
importancia de proteger nuestros suelos de la degradación y
erosión que afectan las producciones futuras. Gracias a una
"nueva" tecnología denominada Siembra Directa esto era posible
y si bien hasta ese momento se trataba de algo desconocido y
extraño, fue suficiente para que mi lado ecológico se
interesara en buscar mayor información sobre este
revolucionario sistema, convenciéndome cada vez más de que la
solución al paradigma de la producción versus ambiente estaba
siendo resuelto.
Varios años después, en setiembre de 2002, el Dr. Víctor
Trucco y mi especial interés por la SD me brindaron la
oportunidad de viajar a Europa (España) para desempeñarme como
Ingeniero encargado de campos bajo este sistema de producción.
A través de esta experiencia, pude comprobar las enormes
diferencias entre nuestro país y Europa, especialmente en lo
relativo al campo.
El primer impacto lo produjo la calidad del suelo en España.
Esa tierra negra y esponjosa que estaba acostumbrado a ver en
nuestras pampas, faltaba por completo. En su lugar se
encontraba un suelo con altos contenidos de fracciones
minerales finas (limo y arcilla) con proporciones variables de
piedras o cantos rodados, en lotes con escasa cantidad y otros
con horizontes superficiales de 20cms de piedras, sin
encontrar tierra de por medio. Por otro lado, estos suelos con
40 o 50% de arcillas y menos de 1% de materia orgánica en
superficie, resultan pegajosos y sin consistencia cuando se
encuentran húmedos y cuando secos son verdaderos cerámicos
imposibles de penetrar.
En estas condiciones la implantación del cultivo es obviamente
complicada, sobre todo considerando que el promedio de
precipitaciones en la península es aproximadamente de 350 mm
anuales en las zonas agrícolas y que los períodos de suelo
"friable" son evidentemente cortos. Por esto es complicado el
cierre del surco, y por consiguiente el correcto contacto de
la semilla con el suelo.
Una vez implantados los cultivos (trigo principalmente) se
debe atender periódicamente la disponibilidad de los
nutrientes, especialmente nitrógeno (N), debido a que lo bajos
tenores de materia orgánica no realizan prácticamente aporte
por mineralización. Se llegan a aplicar cerca de 600 o 700
kilos de fertilizantes nitrogenados por hectárea, superando en
muchos casos los 180 o 200 kg/ha de N necesarios, quedando en
exceso y con posibilidades de contaminar napas de agua
subterráneas.
Otro flagelo que afecta a la producción son las malezas, que
luego de unos 2000 años de presión de selección se han hecho
resistentes a las labranzas, a los herbicidas y a los suelos
erosionados, haciendo muy difícil su manejo. Para aquellos que
estén interesados, les recomiendo que busquen información (en
la Web hay suficiente) sobre Ecballium elaterium, una
de las "mejores" malezas que la naturaleza haya creado, en mi
humilde opinión.
A pesar de estas condiciones desfavorables para la
agricultura, en el Viejo Continente no todo es malo, difícil o
complicado. La Comunidad Europea ha creado una serie de
beneficios económicos para los agricultores, que regulados por
la Política Agropecuaria Común (PAC) hacen que vivir del campo
sea negocio, aún para pequeños agricultores -de menos de 50
hectáreas-. Estas ayudas constituyen la mayor parte de los
ingresos, dejando la renta por cosecha de los granos en
segundo plano, y permitiendo que el nivel tecnológico usado
sea el "mínimo" en muchos campos, sólo lo suficiente para
cobrar el subsidio que supera en muchos casos a los 500 euros
por hectárea. También conocí excelentes productores que
aprovechan estos recursos para aumentar la incorporación de
insumos y tecnologías, alcanzando rendimientos que serían
envidiados por la mayor parte de la pampa húmeda (70 u 80
quintales de trigo duro).
La zona donde estuve trabajando está ubicada 400 km al sur de
Madrid, en la Región llamada Andalucía. Allí los productores
suelen ser chicos y disponer de su propia maquinaria, lo que
constituye la principal limitante a la adopción de SD, debido
al elevado costo de las sembradoras.
De todas maneras ya están surgiendo servicios de siembra que
posibilitan acceder a la tecnología sin necesidad de
adquirirla, tal como sucedió en la década del 90 en nuestro
país. Incluso muchas de las máquinas de SD que están empezando
a usarse en Europa son de fabricantes argentinos, lo que habla
muy bien de nuestra agroindustria.
Al ser Ingenieros Agrónomos, y nuestro país pionero en el
desarrollo de la SD; tenemos la oportunidad de trabajar en el
exterior difundiendo un sistema que sólo se aplica en el 7 u
8% de la superficie cultivada del mundo.
Agroentrevista
Trabajaste en la adaptación de la SD a las condiciones
españolas ¿Cómo resultó la experiencia?
Muy interesante, ya que en noviembre las lluvias invernales
fueron muy frecuentes, incluso días enteros de lloviznas que
hacían imposible cortar los rastrojos. Modificamos las
máquinas sembradoras hasta que finalmente los cuerpos de
siembra estuvieron constituidos por los discos abre surcos
solamente, y así terminamos el área predestinada al trigo. El
girasol los sembramos en febrero con el suelo frío y húmedo, y
fue imposible cerrar el surco, complicando el íntimo contacto
de la semilla con el suelo. Esto me obligaba a estar regulando
la sembradora a cada hora, ya que en el transcurso del día el
suelo cambiaba desde chicle sin cuerpo a cerámico.
Además de la dificultad para acceder a la maquinaria de SD
¿Qué otros factores limitan la adopción de SD en España?
La falta de maquinaria adaptada a las condiciones de allá es
otro factor. Las sembradoras Argentinas son excelentes en
nuestros suelos y hacen un buen trabajo, pero falta
desarrollar la tecnología acorde a esos suelos. Por otro lado
el control de malezas es algo que asusta mucho al productor
que podría entrar en directa. La disponibilidad de productos
agroquímicos autorizados es muy escasa, y la no remoción
obliga a estar continuamente informado y estudiando
alternativas de control. Por ultimo, la falta de información y
extensión de las prácticas de agricultura de conservación es
fundamental en la expansión del sistema. Los entes de
investigación y desarrollo se niegan a cambiar el viejo
paradigma de las labranzas.
Considerás que la difusión de la SD es una oportunidad de
trabajo en el exterior debido al desarrollo de la misma en el
país ¿Qué otras ventajas comparativas poseen los Ingenieros
Agrónomos argentinos a nivel internacional?
Las ganas de "ensuciarse" las botas, es sin dudas la principal
ventaja después de la que tenemos por conocer el sistema. El
nivel de vida en Europa hace que nadie quiera estar en el
campo recorriendo lotes o monitoreando plagas, y esto es otra
gran oportunidad más allá del sistema de producción que
adopten.
AAPRESID en conjunto con otras organizaciones similares de
Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Estados Unidos,
forma parte de la Confederación Americana para la Agricultura
Sustentable (CAAPAS)
¿Qué rol ocupa la SD en la agenda de ese organismo?
Tanto para
CAAPAS como para AAPRESID la siembra directa es el motivo
principal de labor en América o Argentina, respectivamente. De
todas maneras todo lo concerniente a incorporación de
conocimientos y tecnologías para la producción, que alienten a
producir más y mejor, cuidando el deterioro del medio
ambiente, serán motivo de interés para ambas instituciones.
Por mayor información pueden visitar las páginas Web:
www.caapas.org
y
www.aapresid.org.ar
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