| |
La
destrucción de grandes áreas naturales y el peligro de
extinción de muchas especies, entre otros fenómenos, han
agudizado los problemas ambientales en las últimas décadas
e incentivado la preocupación por la conservación de la
naturaleza. El sentido original de la conservación estuvo
dirigido primero hacia el paisaje, tratando de conservar
lugares atractivos por su belleza y rareza, y así surgieron
los parques nacionales. El primero en el mundo fue el Parque
Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos de América en
1872 y en nuestro país el Parque Nacional Nahuel Huapi en
1903.
Posteriormente,
a medida que fue avanzando el conocimiento ecológico sobre
la estructura y función de los ecosistemas,
fue ampliándose el criterio en cuanto a la conservación.
Se reconoció entonces la importancia de preservar
determinados ambientes, comunidades o especies para el
funcionamiento de todo el ecosistema, como
también la necesidad de preservar un ecosistema en pro de
una especie en particular. Es así que la conservación
puede aplicarse en diferentes niveles; si se trata de
mantener las características de un curso de agua el acento
estará colocado en proteger el ambiente en la cabecera de
su cuenca de captación. En cambio si el interés se centra
en el posible valor forrajero de un pastizal o en la
representatividad biogeográfica de un conjunto de especies,
se pondrá énfasis en preservar la comunidad, y si el mismo
pasa por el valor maderable de una especie arbórea, o
preservar el mayor número de poblaciones locales de una
especie para asegurar su variabilidad genética, las medidas
de preservación serán a nivel específico.
Además
de estos criterios la importancia de la conservación está
ligada a pautas culturales y ellas varían a
través del tiempo y las sociedades. En el presente se
valoran los recursos naturales "limpios" o
"inalterados" como
nunca antes, adquiriendo los mismos una ponderación económica
significativa, y también esto trae como consecuencia gran
interés en la conservación.
En
el afán por preservar se han creado numerosas categorías
de áreas protegidas: parques nacionales, santuarios,
refugios, reservas naturales, reservas de recursos, reservas
de uso múltiple, reservas de la biosfera, monumentos
naturales, sitios Ramsar, etc., son términos que nos hemos
acostumbrado a
escuchar y utilizar sin detenernos demasiado a considerar su
significado.
En
la Argentina, a partir de la constitución de la Red
Nacional de Cooperación Técnica de Áreas Protegidas, se
acordaron las categorías de manejo del Sistema Nacional de
Áreas protegidas, siguiendo los lineamientos internacionales
fijados por la UICN (Unión Internacional para la Conservación
de la Naturaleza). Estos acuerdos han sido un paso muy
importante al respecto, pero categorías numerosas y no
siempre lo suficientemente precisas, crean ambigüedad
dificultando su uso.
Otra
dificultad es que la multiplicidad y profundidad de los
aspectos a considerar cuando se trata de preservar la
naturaleza tornan imprescindible el uso del conocimiento
científico, pero con frecuencia esto no ocurre, pues
cuando es necesario tomar decisiones sobre la creación o
gestión de un área protegida esta decisión suele estar en
manos no expertas.
Definiciones
más precisas y expertos idóneos para las decisiones
aparecen entonces como aspectos muy importantes a considerar
a la hora de conservar la naturaleza.
|